REFLEXIÓN: MI PASO POR PROYECTO HOMBRE ALMERÍA

Es difícil explicar con palabras mi paso por esta casa; y digo casa porque, desde el día en que la pise por primera vez, supe que no sería un lugar de trabajo cualquiera, sino un hogar. Dentro, lo que encontré fue a una gran familia. Una familia que no hace distinciones entre profesionales, usuarios, prácticos o voluntarios, y que está ahí para ayudarte y para hacerte crecer, porque quiere lo mejor para ti.

Cuando empecé a estudiar el Grado de Psicología ya tenía claro que quería realizar mis prácticas en Proyecto Hombre. Lo que no sabía es que me iba a costar tanto irme cuando terminasen. Tampoco sabía que iba a darse en mi vida un antes y un después de esta experiencia. Estos meses siendo una más del equipo no sólo me han hecho aprender en cuanto a lo profesional, sino que también me han hecho conocerme más a mí misma, replantearme cosas de mi día a día, darle importancia a lo que verdaderamente la tiene y quitársela a lo que tiene menos de lo que creía, pararme, pensar y actuar en función a lo que realmente pienso, y un sinfín de sensaciones inexplicables a las que antes no prestaba atención o tapaba, y que ahora se incluso gestionar. Quizás, más que ayudar yo, me han ayudado a mí.

He tenido la oportunidad de ir de la mano de grandísimas terapeutas que dedican sus días a conseguir que los usuarios crezcan un poquito más con cada taller y con cada grupo de autoayuda, con cada salida lúdica, cada convivencia y, en definitiva, con cada minuto que pasan en el Centro, para que adquieran los valores que necesitan y para que logren llegar a su autonomía personal. He tenido también la oportunidad de estar en todas estas actividades y de conocer a los usuarios, las usuarias y a sus familias; de formar parte de su proceso de cambio y de verles evolucionar, de ver el esfuerzo que hacen para conseguir alcanzar los objetivos que se proponen y de ver también cómo lo viven sus familias y cómo les acompañan en todo momento. Y es por eso que de estas prácticas me llevo un trocito de cada una de las personas que he conocido y que han compartido conmigo su historia.

Parece que empecé estas prácticas hace unos días, pero la realidad es que han sido más de dos meses que se me han pasado en un suspiro. Puedo asegurar que nunca voy a olvidar esta experiencia, tanto por lo que me ha brindado para mi desarrollo profesional, como por lo que me ha hecho progresar personalmente. Y solo me queda dar las gracias por haber tenido la suerte de forman parte de esta gran familia.

May Salmerón Santander
Psicóloga en prácticas en nuestro centro