MI PASO POR PROYECTO HOMBRE ALMERIA

Como cualquier practicante cuando llega a un centro de prácticas, yo no sabía lo que me iba a encontrar en Proyecto Hombre. Es cierto que tenía buenas referencias sobre la calidad de las prácticas y el inmejorable trato que recibían las personas que hacían prácticas o voluntariado aquí. Me encontraba expectante ante lo que parecía iba a ser una buena experiencia de aprendizaje.
El haberme permitido asistir tanto a los grupos de autoayuda y dinámico como a las sesiones individuales, me ha permitido meterme en la dinámica del centro con rapidez, además de conocer y conectar con los chicos y sus familiares. Me ha sorprendido especialmente el trato tan cercano y respetuoso que tanto los pacientes como sus familiares tienen con los terapeutas/practicantes y otros usuarios y familias, ya que normalmente, cuando hay una relación cercana, se tiende a confundir con la amistad, pero en Proyecto Hombre no ocurre esto. Por el contrario, el trato cercano, tal y como yo lo he sentido, es una muestra de respeto de tú a tú, una señal de humildad y amor al otro, al que en ocasiones hay que decirle cosas que no le gustan para ayudarle.
Dada la orientación desde la que se trabaja en Proyecto Hombre, me ha resultado inevitable involucrarme personalmente en los grupos de terapia. Donde me he sentido una más, una persona que como todos los componentes del grupo (usuarios y terapeuta) están aprendiendo y mejorando cada uno a su ritmo y manera.
Del mismo modo, el alto grado de exigencia que los chicos tienen en el Centro me lo he auto-impuesto durante mi periodo aquí y he visto cuán difícil es ser puntual, confrontar a los demás, aceptar los confrontos, llevar el trabajo al día, abrirme a los demás y por supuesto amar responsablemente.
Aunque el número de horas no ha sido muy elevado, la distribución de las mismas me ha permitido asistir al centro dos meses, por lo que he podido disfrutar de ver la evolución de los usuarios y las familias, así como los cambios en la línea de tratamiento que los terapeutas cuidadosamente iban llevando a cabo, con el fin sostener de la mejor manera el tratamiento de cada uno de ellos.
Esfuerzo, honestidad y constancia son las tres palabras que definen lo que me llevo de mi paso por el Centro. Crecer como persona con los pies en el suelo, requiere de todo esto. Entendiendo que el crecimiento dentro del programa es como el crecimiento natural de la vida fuera, es decir, no lineal. Hay momentos de avance, retroceso, caídas, recaídas, alegrías y tristezas. Es esto lo que hace que el programa de Proyecto Hombre sea tan especial.
Me voy especialmente agradecida de haber tenido la posibilidad de involucrarme más directamente durante mi última semana de prácticas, donde al tener más responsabilidad he tenido que exprimir lo que he aprendido a lo largo de mi trayectoria académica y profesional, para proporcionar el mejor soporte posible. Y me ha encantado descubrir que me siento muy cómoda haciendo terapia a pesar de todo lo que me queda por aprender.
Es por todo esto, que me siento muy afortunada de haber conocido a esta gran familia y a esta casa, como todos cariñosamente llaman al Centro. No esperaba que este programa fuese tan profundo como es y me agrada mucho que sea así, ya que la corriente psicológica en la que me siento cómoda y hacia la que he venido orientado mi formación parte de la premisa de que hay que iluminar nuestra sombra para poder evolucionar, como Jung decía.
Sin duda mi paso por Proyecto Hombre me ha ayudado a nivel profesional y personal. He aprendido una manera de hacer terapia que armoniza técnicas e influencias de diferentes corrientes psicológicas, captando lo mejor de cada una de ellas y convirtiéndolas en un completo programa donde tanto usuarios como familiares aprender de los errores y adquieren herramientas para poder enfrentar las dificultades en el futuro, estén relacionadas con adicciones o no, ya que Proyecto Hombre es mucho más que un programa para adicciones.
Solo me queda añadir, que a pesar de haber aprovechado al máximo mi paso por Proyecto Hombre, me da mucha pena marcharme, ya que se me ha hecho realmente corto el tiempo que he estado aquí. He aprendido mucho y sé que si pudiera estar más tiempo sin duda aprendería más. Es por esto que si las circunstancias me lo permiten, volveré para ofrecer lo que pueda aportar, porque realmente creo que este es el camino, esta es la manera de tratar a las personas con dificultades.
Rocío Rabasco Vadillo
Alumna de prácticas – Máster en Psicología General Sanitaria