REFLEXIÓN – «UN CONFRONTO CON LA REALIDAD»

Proyecto Hombre es una escuela de vida. Es el lugar al que uno va cuando ha olvidado qué es importante, cómo enfrentarse al mundo, cuándo empezar a escucharse. En otros lugares donde se realizan distintos tipos de terapia, el objetivo de los trabajadores suele ser indicar a los pacientes qué deben hacer o qué está mal en su manera de pensar. Aquí esto no ocurre, sino que se guía a las personas para crecer y aprender por sí mismas a tomar decisiones y a cambiar su percepción de sí mismos y el entorno. De hecho, en Proyecto Hombre no hay pacientes, puesto que nadie padece ninguna enfermedad ni espera pacientemente a que se le ayude. Cada persona es la única que puede ayudarse a sí misma, porque la capacidad de cambiar su vida y la responsabilidad de hacerlo es sólo suya. 
Yo aprendí esto durante mi estancia en Proyecto Hombre. O más bien lo recordé, puesto que en teoría esto es algo que todo el mundo sabe. Todo el mundo te lo dice, es un mensaje que aparece en carteles publicitarios, en tazas para desayunos positivos y es una frase manida que repite la gente cuando se le pide un consejo y no sabe qué responder. Pero nunca nadie te explica qué significa esa frase tan sonada. Y, en realidad, tampoco nadie predica con el ejemplo. Resulta complicado comportarse en función de unos valores sólidos e integrados cuando nunca has aprendido qué valores deben ser esos, ni tampoco los has observado en mucha gente alrededor. También es difícil entender qué metas son positivas para avanzar, qué proyectos usar para llenar el vacío existencial sin perderte en el camino, cuáles son las decisiones correctas. Es de conocimiento público que cuando uno se cae debe volver a levantarse, pero no se enseña en el colegio qué herramientas hay que utilizar para hacerlo, de dónde sacar la tremenda fuerza y habilidad como para reconstruir tu mundo cuando todo sale mal. Este tipo de enseñanza es asunto para padres, sin embargo muchos de ellos no son capaces de enseñar algo que ellos tampoco vieron en la escuela ni en sus propios padres. Y el ciclo se repite. 
La gente lo hace lo mejor que puede. Ortega y Gasset dijo “yo soy yo y mis circunstancias”, pero considero que es más apropiado decir “yo soy yo y lo que hago con mis circunstancias”. La mayoría de personas no saben decidir qué hacer con el tiempo que se les ha dado, y responsabilizan a la realidad exterior de sus elecciones, sucesos y conclusiones, dejándose llevar por lo que ocurre sin responsabilizarse de nada. No me había dado cuenta, pero últimamente yo era una de estas personas. Por este motivo, Proyecto Hombre me confrontó con la realidad. Me di cuenta de que los usuarios que asisten al centro cambian su vida casi por completo: modifican su perspectiva, sus aficiones, sus metas, sus relaciones… Ese cambio conlleva mucha energía, esfuerzo, tiempo y concentración, y aún así lo realizan. ¿Por qué no puedo hacerlo yo? Esto es lo que hace esta asociación, te confronta con tu realidad. Además, te aporta herramientas para responder, te enseña que tú puedes manejar la situación sea cual sea ésta y te muestra que, aunque a menudo es necesario actuar solo, se cuenta con el apoyo de mucha gente alrededor. No es relevante qué decisiones erróneas hayamos tomado cada uno ni en qué grado han afectado a nuestra vida, todos estamos intentando labrarnos un camino y a menudo nos perdemos. Aunque las situaciones de los usuarios del centro fuesen muy distintas de la mía, y a pesar de que yo me encontraba en el puesto de co-terapeuta, a menudo me sorprendía encontrando lecciones que me eran útiles a mí, respuestas a preguntas que tenía sobre qué rumbo coger o soluciones para ordenar mis prioridades. Me resultaron chocantes en un principio varias de las dinámicas, especialmente aquellas en las que se responsabiliza a la persona de cada pequeña decisión y de cada pequeño paso de su proceso, sin realizar un tratamiento más directivo. Finalmente comprendí que cuanto más directivo se es con alguien, más pasivo se vuelve. Y menos puede progresar. 
Supongo que todos tenemos el potencial de ayudarnos unos a otros, y que todos tenemos mucho camino por delante.

Elena Bragulat Martínez 
Alumna en prácticas