Reflexión del período de prácticas de Mª Magdalena Lorente Baumela

Mi experiencia en Proyecto Hombre ha sido una de las más enriquecedoras que he tenido la suerte de poder disfrutar a lo largo de mi etapa universitaria. Ya que estoy acabando no puedo creer que, tan sólo unos meses atrás, no conociera palabras que ahora me resultan tan básicas,como “confronto”, “restitución” o “dinámica de limpieza”. En Proyecto Hombre he podido experimentar cómo personas para las que yo era totalmente ajena, han confiado en mí y me han abierto una parte de su corazón, precisamente una parte delicada y vulnerable, que no es la que le solemos mostrar a cualquiera. Pero, después de todo, para eso están aquí: para exponerse como son y, de esta forma, aprender así más de sí mismos y de la vida, en toda su dulzura y su amargura. Eso es precisamente lo que, sin poder imaginármelo,me ha acabado sucediendo a mí, pues es inevitable contagiarte de sus éxitos y sus fracasos, de sus alegrías y sus penas.

Una de las primeras lecciones que aprendí aquí fue que las adicciones no son el problema, sino tan sólo un síntoma de que algo no va bien. Es curioso, casi irónico, que en un centro de tratamiento de adicciones las personas acaben olvidándose por completo de la droga y hablen, en su lugar, de los problemas que han tenido en el día con su jefe o su pareja. Esto me ha demostrado una y otra vez que, al fin y al cabo, todos somos iguales y padecemos el mismo tipo de preocupaciones, tan sólo cambia el enfoque o salida que decidamos darle. La gran labor de Proyecto Hombre es ayudar a cada una de las personas a volver atrás en el tiempo y aprender de nuevo esos recursos o valores que, por cualquier circunstancia de la vida, pasaron por alto o no tuvieron la oportunidad de adquirir.

Sin duda,he podido comprobar la gran madurez de la que pueden hacer gala aquellos usuarios que llevan más tiempo en el Programa: es innegable la huella que ha dejado Proyecto Hombre en ellos, en su forma de hablar, de tomarse las cosas, de reconocer su parte de responsabilidad en las situaciones, de ser capaces de reflexionar acerca de sus propios sentimientos,… como digo, una madurez que ya desearían tener la mayoría de las personas de fuera del Centro que creen no tener ningún problema. Es por eso que me emociona ver los pequeños cambios que van demostrando los usuarios, porque sé que van encaminados al mismo lugar que sus compañeros más veteranos, un lugar en el que no tienecabida el egoísmo, las excusas, la falta de honestidad o las dependencias; un lugar, en definitiva, en el que sólo ellos podrán ser los que lleven de nuevo las riendas de su vida. La idea de que exista un proyecto que sea capaz de hacer realidad todo esto,me ilusiona y me asegura que todos podemos llegar a cumplir aquelloque nos propongamos, y el haber podido ser partícipe deeste proceso será algo que siempre recordaré como uno de mis mayores éxitos en mi vida