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REFLEXIÓN – MI PASO POR PROYECTO HOMBRE

Nunca imaginé que pasados los 50 años pudiera cambiar tanto mi vida, mi forma de pensar, pero sobre todo mi forma de actuar y afrontar. 
No llegué por mí, si no acompañando a un familiar, a un ser muy querido. Poco a poco empecé a notar los cambios en este familiar y poco a poco empecé a sentir la necesidad de cambiar yo también. Hasta que un día y, ayudado por la terapeuta, Ilu, di el paso que cambió mi vida, comencé mi Proyecto. 
Las pocas referencias que tenía de esta Asociación estaban enfocadas a dejar los consumos, drogas y alcohol, pero pronto me di cuenta que no era lo que más se trabajaba. Lo importante fue: cambia y dejarás de consumir, piensa en ti y dejarás de consumir, mírate y dejarás de consumir. Y así fue, la labor terapéutica espectacular. Me enseñaron a deshacerme de mis corazas, a trabajar mis dificultades, a empatizar, a quererme, a respetarme, aprendí a llorar, a abrazar….y recordaré siempre un sentimiento que me enseñó otra Terapeuta, Carmen: “El amor responsable”
Me costó unos buenos meses aceptar todo lo que estaba aprendiendo, no podía haber estado tan equivocado. Era muy duro asumir que hay más formas de ver la vida. Otra Terapeuta, Marisín, me dijo: “Somos seres imperfectos, nos equivocaremos siempre. Lo importante es darse cuenta y cambiar. No busques la perfección”. Los compañeros me ayudaron sin mirar quién era y cómo me comportaba. Los veteranos, sobre todo, eran una ayuda permanente y notaba poco a poco como me integraba en el grupo. No era el tuerto en un país de ciegos…., allí éramos todos ciegos o todos tuertos. Me daba cuenta que éramos una gran familia formada por usuarios, familiares, terapeutas, voluntarios y, por lo tanto, todos nos ayudábamos sin pensar en nada más. 
Me esperaba un Centro de Rehabilitación típico, frío, con el personal en bata blanca, médicos y enfermeros. Mi sorpresa fue que era una casa, mi nueva casa, una entrada con mesa camilla y faldillas, cocina, cuartos acomodados, baños, balcones y una gran terraza. Nada más llegar y ver, el sentimiento cambió. Estaba en casa. 
No he terminado mi “viaje”, aunque ya veo de lejos la última estación, acompañado por otra Terapeuta, Isa, que me está ayudando a colocar las últimas piezas interiores de mi puzzle. Pero no me importa que esté siendo largo. He aprendido a colocarme en el asiento que me corresponde, a disfrutar del recorrido y animo, a quien tenga esa necesidad de verse y cambiar, que se suba y nos acompañe.
Javier
Usuario de Proyecto Hombre Almería